Tòpics verds esquerrosos


IMPUESTOS EN TIEMPOS DE CRISIS (1): SOBRE LA RENTA
novembre 12, 2009, 2:26 pm
Filed under: Economia i política fiscal, Global, Treball i món laboral

Tras la aprobación de los Presupuestos del Estado para 2010, que incluye la subida de impuestos anunciada a través de fascículos por parte de la ministra Salgado, nos sentimos escandalizados ante la ausencia de criterios en la política económica del Gobierno de España.

El aumento del gasto público será de 6.500 millones de euros, lo que supone un 3,9% más respecto al año 2009. Conviene recordar que no es más de izquierdas quien más impuestos recauda sino quien mejor los destina en hacer políticas públicas de calidad. Por lo tanto, proponemos no ahogar a los contribuyentes con más impuestos sino redistribuir fondos de departamentos inútiles, como el de Igualdad o la financiación de la Iglesia, a otros ministerios claves para salir antes de la crisis y reducir la tasa de paro, como son los de Educación o Ciencia.

Según los presupuestos aprobados para el próximo ejercicio, el 51,6% del gasto público irá destinado a protección social y sólo el 6,3% a inversión en infraestructuras y desarrollo -irónicamente el I+D restará progreso y empleo-, lo que señala que la política del presidente Zapatero es únicamente paliativa y tiene por objetivo aguantar el chaparrón hasta que amaine la crisis gracias al buen clima internacional.

Mientras que el instrumento que utilizan Salgado y Zapatero para sostener el paraguas consiste en subir o bajar aleatoriamente algunos impuestos, la recaudación fiscal desde un posicionamiento liberal de izquierdas y ecologista consistiría en estimular la actividad económica y así generar un mayor número de contribuyentes con (1) la existencia de un único tipo impositivo en el IRPF, (2) una reducción permanente en el IS para aquellas empresas que mantengan o aumenten el empleo, (3) la aplicación generalizada del IP y el ISD para gravar adicionalmente las rentas más altas, (4) un aumento del IVA hasta alcanzar los tipos impositivos medios de Europa, (5) la minimización del fraude fiscal y (6) un sistema normativo que grave en proporción a los niveles de contaminación ambiental.

PROGRESIVIDAD SIGNIFICA TIPO IMPOSITIVO ÚNICO

Provoca desafección oír a ciertos políticos hablar de progresividad en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) cuando ni siquiera saben qué significa este concepto. La electoralista deducción de 400 euros a todos los contribuyentes -por cortesía de Zapatero- puede discutirse si es más o menos progresista, pero no hay duda que efectivamente es progresiva.

Para explicar qué es la progresividad, permítannos mostrar unos cálculos tan sencillos que hasta un comunista sería capaz de entenderlos. Actualmente en España existen en el IRPF cuatro tramos de gravamen y, dependiendo de los ingresos anuales provenientes del trabajo, capital y patrimonio, el contribuyente ha de tributar a Hacienda según el correspondiente tipo impositivo. Este modelo permite el problema que dos ciudadanos que ingresen 18.000 y 33.000 euros, respectivamente, serán ambos gravados a un tipo impositivo del 28%, mientras que otro ciudadano que ingrese 34.000 euros ya será gravado al 37%. Para solucionar esta injusticia social, proponemos sustituir la actual escala de gravamen por un único tipo impositivo y que las deducciones sean en cuota y no en base para así lograr mayor progresividad.

Supongamos un trabajador que cobra anualmente 8.736 euros -el Salario Mínimo Interprofesional- y el presidente del Gobierno, que ingresa 91.982 euros. Aplicando una deducción en base de 400 euros y tributando ambos a un tipo impositivo único del 30%, estos contribuyentes pagarían a Hacienda 2.501 y 27.475 euros, respectivamente, lo que supondría pagar efectivamente un 28,6% y un 29,9% de sus ingresos. En cambio, si primero tributaran al 30% y después se les aplicase una deducción en cuota de 400 euros, pagarían impuestos efectivamente por importes de 2.220 y 27.195 euros, respectivamente, que supondrían ahora el 25,4% y el 29,6% de sus ingresos anuales y, por lo tanto, menos recaudación y más progresividad.

Supongamos nuevamente al mismo trabajador y al mismo presidente pero la ley establece ahora que la deducción en cuota es de 5.000 euros y el tipo impositivo único es del 40%. Mientras que el trabajador no tendría que pagar impuestos por su renta, el presidente pagaría 31.793 euros y tributaría a un tipo impositivo efectivo del 34,6%, logrando así el escenario más recaudatorio y más progresivo. Queda desmentido, pues, el tópico que una escala de gravamen por tramos es progresiva y que un tipo impositivo único beneficia más a las rentas altas que a las bajas.

LOS EMPRESARIOS NO SON SERES MALVADOS

Los presupuestos también recogen una disminución temporal del 25% al 20% durante tres años en el Impuesto de Sociedades (IS) para las PYME que mantengan o creen empleo. Esta decisión supondrá un avance para todos los españoles porque a priori reactivará la economía y generará más valor añadido, pero sigue presentando tres graves problemas: es un incentivo de carácter temporal, mantiene la tributación a las fundaciones sin ánimo de lucro y perpetúa las desigualdades de gravamen en territorios como Euskadi, Navarra, Canarias, Ceuta y Melilla.

De esta medida podríamos decir además que es poco ambiciosa. De la misma manera que en el IRPF establecíamos la hipotética deducción en cuota de 5.000 euros, ¿por qué no aumentar las deducciones en el IS a aquellas compañías cuyos empresarios inviertan en formación profesional, ciencia y tecnologías de I+D, contratación de trabajadores minusválidos y adquisición de activos destinados a la protección del medioambiente? Por cierto, estos cuatro ejemplos nos sirven para demostrar que también es posible realizar a través de un ministerio de Economía políticas transversales de izquierdas y ecologistas.

Otra solución para el desempleo tanteada por Salgado es la que han tomado en Alemania, aunque desconocemos todavía las reacciones de los agentes sociales -es decir, Díaz Ferrán y CCOO-. Para mantener el nivel de empleo, el gobierno socio-conservador que presidía la endemoniada Merkel decidió no modificar el IS sino compensar el 25% de las reducciones de jornada. De esta manera, un trabajador alemán con una jornada de ocho horas y un salario de 1.000 euros descartará ser despedido si esos genios malignos -también llamados empresarios- mantienen su puesto de trabajo reduciendo la jornada de ocho a cuatro horas y el salario de 1.000 a 500 euros, a los que hay que sumar una aportación de 250 euros del Estado.

Y les llamamos genios malignos porque lamentablemente es la visión insesgada que tiene un sector de la sociedad sobre los empresarios que crean diariamente bienes de consumo y puestos de trabajo, sin olvidar el 20% mínimo del IS. A nuestro parecer, siguen una filosofía muy similar a ese dicho que afirma que “todas las mujeres son unas putas, a excepción de mi madre y mi mujer”. ¿Será gracias al presupuesto del Ministerio de Igualdad que al menos hay dos mujeres que se salvan?



Apologia i vindicació de les llistes obertes
octubre 12, 2009, 10:27 pm
Filed under: Filosofia política, Radicalitat democràtica

Hem rebut una col·laboració, que ens ha demanat la possibilitat de publicar un article en aquest espai. Després de debatre-ho, com que es tracta d’una temàtica interessant i enfocada des d’una òptica liberal, hem decidit acceptar-la amb l’acord de mantenir-hi el nom de l’autor. Aquí ho teniu.

Un dels eterns debats polítics, tant a la dreta com a l’esquerra, és el de les llistes obertes. Després, davant la por que això suscita, se n’han inventat d’altres, com el debat sobre les llistes desbloquejades, que, perquè ens entenguem, és com si ens oferissin un caramel, i després ens diguessin que és sense sucre. Doncs, no, perquè si jo menjo un caramel, el vull tot, sencer, amb allò bo i dolent, i amb allò, com el sucre, que pot ser bo i alhora dolent: bo, en tant que aportació immediata de plaer; i dolent, en tant que element susceptible de contribuir a un augment inevitable de la nostra massa corporal. Però, com deia, si vull un caramel, el vull assumint tots aquests riscos.

Anem, però, a les llistes obertes. Per defensar-les, primer de tot em dedicaré a rebatre els arguments que fins ara he escoltat per combatre-les. D’entrada, un dels arguments més esgrimits per certs sectors contraris és el de la participació. És a dir, se citen un parell de països del món que tenen un sistema similar a unes llistes obertes –Suïssa i Finlàndia–, i s’assenyala que en aquests països la participació és molt baixa. Primer error: jo no sóc partidari de les llistes obertes per tal de fer augmentar la participació a unes eleccions. A jo tant me fot si el veí no vol votar, ell s’ho perd. Jo defenso les llistes obertes perquè “jo” vull decidir els noms i cognoms dels meus polítics –i remarco la qüestió egocèntrica. És, doncs, un interès de l’individu, que, això sí, comporta un benefici col·lectiu. No crec, però, que la qüestió de la participació electoral s’hagi de barrejar amb la de la transparència democràtica. Són dos temes diferents. És ingenu pensar que molta gent no vota perquè no confien en el sistema democràtic.

Un altre d’aquests grans arguments, també força ingenu, és el dels lobbies. En aquest cas, però, no només és ingenu sinó que conté un punt de paternalisme preocupant. La història que ens venen és la següent: només aquells que tenen un alt poder econòmic i que, per tant, han rebut ingressos dels grans poders econòmics del país, podran endegar una campanya electoral que els faciliti la victòria, i, conseqüentment, un cop aconseguida, aquesta persona haurà de tornar els favors prestats, als lobbies del país. És ingenu, com deia, perquè això ja passa ara, sense llistes obertes. Però, el tema no acaba aquí. A més d’ingenu, és una dialèctica poc rigorosa. Insinuen, els qui defensen això, que Barack Obama va guanyar les primàries del partit demòcrata perquè tenia més diners que Hillary Clinton? NO. És clar que Barack Obama va disposar d’un notable pressupost per a la campanya, però recordin –i per això estic parlant de les primàries i no de les eleccions presidencials dels EUA– que Obama, durant les primàries, era el desconegut, davant d’algú com Hillary Clinton que representava l’stablishment demòcrata. Obama va guanyar Clinton perquè era millor, perquè en va saber més, perquè va saber vendre’s millor. I això no és dolent, sinó bo per a un país, perquè aquell polític que sàpiga vendre millor el seu projecte a la gent, també ho sabrà fer a d’altres països a l’hora de fer política internacional.

Tercer gran argument dels antidemòcrates: “guaiteu la de coses lletges que arriben a fer alguns polítics per guanyar les primàries del seus partits, imagineu-vos si haguessin de convèncer tot el país –que representa que està molt menys informat que els militants d’un partit–“. Clar, el raonament és molt perillós, sobretot perquè se li podria donar la volta fàcilment. Per començar, es podria dir que és molt més difícil comprar la ciutadania de tot un país que comprar bona part dels militants d’un partit. Per tant, tot fa pensar que és relativament més senzill, si s’és mafiós, guanyar una primàries d’un partit que no pas guanyar unes eleccions de llistes obertes –i de casos n’hi ha a patades. Però, a més d’això, hi ha quelcom força més fonamental, i és aquesta maleïda creença despòticament il·lustrada de creure que el poble és ase, curt de mires, poc informat, fàcil d’enredar, perquè, és clar, si tinguessin certa sensibilitat política, militaria a un partit –al meu partit, els falta dir. Doncs un greu error. Greu error perquè, justament, els partits polítics, tots, estan carregats de militants interessats, que són militants per interessos personals i bàsicament econòmics, i poc més. A més d’això, però, aquesta despòtica visió de la ciutadania xoca frontalment amb la realitat. Si la democràcia té alguna virtut, és que acaba corregint els excessos, perquè la gent no es deixa comprar tan fàcilment –llevat del cas italià, segurament, que seria l’excepció que confirmaria la regla, tot i que faltaria comprovar si és realment democràtic. No fa massa TV3 va emetre un 30 minuts sobre la curiosa Illa de Sark. Per a jo, aquesta illa és el clar exponent de la contradicció democràtica. Ella és la prova evident que els diners no són suficients per guanyar unes eleccions, com els germans Barclay han pogut experimentar. A la vegada, Sark és el clar exemple que la democràcia, mal portada, pot acabar esdevenint el pitjor estat feudal. Ironies de la vida.

Per tot, jo vull poder remenar les cireres al màxim. Quant més poder tingui l’individu en tot el procés democràtic, més democràtic serà, perquè és més difícil subornar tot un poble que no pas subornar el regidor de l’oposició. Jo decideixo decidir, i vostès?

Marçal Girbau i Garcia



FUNDAMENTOS DE LA IZQUIERDA VERDE LIBERAL

Hay quien ante el título ya se habrá escandalizado. “¿Cómo se atreven éstos a insinuar que se puede ser de izquierdas, ecologista y liberal?”. Dado este hecho evidente, consideramos imprescindible recordar el significado estricto de estas tres palabras, o al menos el significado que nosotros le atribuimos a cada una.

Parece que la de verde es la menos complicada, es decir, relativo a lo que hoy se conoce como ecologismo, una corriente que defiende la necesidad de introducir la variable ambientalista en las distintas políticas que se lleven a cabo.

Somos liberales porque estamos convencidos que el liberalismo es el mejor sistema económico de todos los que ha habido hasta ahora -por más que a algunos sectores de la izquierda tradicional les pese, la realidad es que durante el siglo XX ha disminuido la pobreza en el mundo y ha aumentado tanto la calidad de vida, ostentosamente en Occidente, que incluso algunos resentidos del comunismo afirman que demasiado-.

Sin embargo, creer que el liberalismo es y ha sido el mejor sistema económico conocido hasta hoy en día no quiere decir, obligatoriamente, que pensemos que no requiera medidas y, sobretodo, ello no significa que no seamos más sensibles a la desigualdad de oportunidades que podría propiciar un sistema liberal tradicional. Y ese interés por acabar con la desigualdad de oportunidades, ese deseo de terminar con los privilegios de unos pocos, es lo que nos hace de izquierdas. Al fin y al cabo, toda la reflexión que les planteamos se podría resumir en una parábola.

EL PARTIDO DE FÚTBOL

Imagínense que la vida es un partido de fútbol. Pues bien, habría unos, los liberales clásicos, que opinarían -a diferencia de los conservadores- que todo el mundo tiene derecho a jugar en el mismo campo independientemente si los jugadores son negros, chinos, hombres, mujeres, católicos o musulmanes. Después habría los conservadores, quienes opinarían que los que juegan en campos de césped tienen derecho a mantener sus privilegios porque “siempre han vivido allí”, “son sus tradiciones” y “no pueden venir de fuera a cambiarlas”. Luego habría los progresistas a secas, o de izquierdas clásicos, que opinarían que “la vida no es un partido de fútbol”, “esta concepción de la vida es sumamente capitalista” y “lo que habría que hacer es que todos los futbolistas pobres del mundo se organizaran para hacer huelgas de jugadores y, por lo tanto, oponerse a la concepción de que la vida es una competición”. Finalmente hay los liberales de izquierdas, o de izquierda liberal, que somos los que opinamos que efectivamente es necesario un grado notable de competitividad en la vida para garantizar el progreso, que efectivamente la vida es como un partido de fútbol y que efectivamente todo el mundo tiene el derecho a jugar en el mismo campo, sea quien sea. Ahora bien, a diferencia de los liberales clásicos, compartimos con la izquierda tradicional el análisis de que no todo el mundo sale al terreno de juego en las mismas condiciones, es decir, que mientras algunos, ya de nacimiento, van a llevar botas de oro, contarán con entrenadores más caros y tendrán más tiempo para perfeccionar la técnica, otros deberán combinar la práctica del deporte con su trabajo para no morir de hambre.

Y esta perspectiva es la que nos hace desconfiar de un modelo absolutamente liberal sin intervención de las administraciones públicas. Son estas últimas las que deben hacer políticas que garanticen la igualdad de oportunidades, es decir, que aunque haya quien tenga más recursos y efectivos desde que nace, los demás tengan las mismas posibilidades de llegar a los mismos destinos que los primeros dependiendo del esfuerzo, el talento y el ingenio de cada uno. Remarcamos: igualdad de oportunidades sí, igualdad de resultados no -a diferencia de la izquierda tradicional en este último aspecto-. Es decir, no queremos que todos los equipos metan los mismos goles y siempre empaten. Hay unos que ganan y otros que pierden, pero esa victoria o derrota debe ser mayoritariamente resultado de la competitividad, el esfuerzo, el ingenio y el talento individual y no de las herencias o ventajas de antes del partido.

LA PROPUESTA

En este sentido, es innegable que la presencia del sector público no sólo garantiza el sistema de convivencia y el funcionamiento de los mercados -seguridad, justicia, defensa…- sino que además permite la prestación de una serie de servicios por los cuales el sector privado no encuentra suficiente motivación o bien no existe un mercado -sanidad, educación, exclusión social, protección del medioambiente…-. Permítannos clasificar las competencias ideales del sector público en tres niveles independientes.

En el primero de ellos estarían las funciones más tradicionales del Estado: justicia, defensa, relaciones exteriores y seguridad ciudadana. Si bien es cierto que históricamente se han atribuido estas funciones a la derecha política, es ilógico pensar que no pueden ser dirigidas perfectamente también desde los valores de la izquierda. En España son competencia del Gobierno central -excepto la seguridad ciudadana en Cataluña y Euskadi-.

El segundo nivel comprendería lo que popularmente se conoce como los cuatro pilares del Estado de Bienestar, tal si de una pirámide de Maslow se tratara: sanidad, sistema de pensiones, educación y servicios sociales. Déjennos incluir las competencias sobre universidades en educación y, además de las relacionadas con la atención a la dependencia, inclúyanse en servicios sociales también las de la integración social de las minorías -tercera edad, colectivos gays, inmigración…- y la lucha contra la pobreza. Excepto el sistema de pensiones, en España el resto de pilares son competencia de las Comunidades Autónomas, dejando así un papel de meros gestores territoriales a los ministerios de Educación y Sanidad y Política Social. Es básicamente con este segundo nivel que las administraciones deberían combatir las desigualdades de oportunidades, de manera que estas políticas no tuvieran el mediocre objetivo de garantizar simplemente mínimos sino el de incentivar y colaborar en la competitividad individual y colectiva.

Y en un tercer nivel -aunque no por ello, menos importante-, tendríamos las funciones relacionadas con el territorio y las infraestructuras: conservación del entorno natural, lucha contra la inconsciencia medioambiental y creación de redes sostenibles de transporte. En España son unas funciones compartidas por el Estado y las Comunidades Autónomas.

Tras esta introducción académica de lo que tendría que ser para nosotros el sector público, a la que podríamos llamar los fundamentos de la Izquierda Verde Liberal, queremos manifestar que las instituciones públicas deberían quedarse al margen, más allá de la gestión y la aplicación de una suave normativa legal, de la financiación de todas aquellas actividades no catalogadas en los tres niveles anteriores. Una vez resueltas las funciones de las que debería responsabilizarse el Estado (una sociedad justa independientemente del poder adquisitivo, una política de seguridad respetuosa cuya prioridad sea prevenir y no castigar, la universalización de la sanidad y la educación con una calidad superior a la de los servicios privados, una protección efectiva de la flora y la fauna -que a veces queda olvidada tras la etiqueta del color verde- de nuestros territorios, una red de transportes eficiente acorde con el sistema productivo del país…), es el turno de dejar paso al liberalismo para que interactúe en aquellos otros mercados no mencionados y permita alcanzar a los individuos niveles de bienestar o satisfacción que no podrían conseguirse eficientemente con las intervenciones y limitaciones del sector público.

¿Han de subvencionar los gobiernos a las escuelas concertadas del Opus Dei, que segregan a niños y niñas en aulas diferentes sólo por cuestiones de sexo, así como a las clínicas privadas, que en numerosos casos presentan condiciones higiénicas y de fiabilidad realmente indignas? ¿Ha de intervenir el Estado con dinero público -de todos los ciudadanos- en bancos y empresas que atraviesen una negativa situación financiera, como es el caso de las ayudas económicas al sector automovilístico sin considerar el grado de emisiones de dióxido de carbono, y además, lo que es aun peor, premiando de esta forma la irresponsabilidad en lugar de la solvencia? ¿Qué sentido tiene el irónico sector público empresarial compitiendo en ciertos mercados, como el de las cadenas de televisión, bajo la apariencia de una compañía (TVE) que se financia en parte gracias a los beneficios de las empresas rivales? ¿Hasta cuándo van a regalarse las ayudas estatales a la agricultura, que precisamente necesita menos actuación de los intermediarios, y las subvenciones europeas a los ganaderos que vierten miles de litros de leche sólo para no alcanzar los máximos que descartan el dinero proveniente de Bruselas? ¿Quién puede creerse que la construcción de 50 pisos de protección oficial provoca un descenso en el precio de las viviendas en una ciudad de 200.000 habitantes, más allá de ser un demagógico reclamo electoral? ¿Por qué los gobiernos financian sectores subjetivos -y por qué no, partidistas- como la cultura, el deporte profesional o las religiones, que ya presentan grandes ganancias por sí mismos, costeando el rodaje de películas taquilleras, estadios de fútbol de Primera División y la remodelación de históricas iglesias?

Nosotros decimos no a todas estas intervenciones más allá de los tres niveles ideales del sector público. Por otra parte, sería razonable que fuesen los ayuntamientos quienes financiaran en su totalidad la creación de equipamientos -teatros, museos, polideportivos, centros de culto…- para el municipio, promoviendo así una libre movilidad de personas, que decidirían irse a vivir allí donde encontrasen más prestaciones de su agrado y pagarían impuestos locales (IBI, IAE, ICIO…) en proporción al principio de afectación -pagar X por un servicio público que vale X. Con este modelo socioeconómico, un ayuntamiento que gestione más equipamientos cobraría a sus ciudadanos más impuestos que otro que no disponga de ninguno, limitando así la solidaridad entre zonas geográficas y reforzando la figura de los ayuntamientos. Estaríamos propiciando, de esta manera, una Izquierda Verde Liberal con carácter municipalista y muy anclada al territorio.

Con estos argumentos, a partir de ahora ya no toleraremos aquello de: “¿No son términos contradictorios Izquierda VerdeLiberal?”



De tòpics ens en sobraran…
setembre 21, 2009, 10:13 pm
Filed under: Global | Etiquetes:

Temia que ho fessin. Temia que els companys em demanarien que fos el molt honorable individu que encetés aquest blog. No pas perquè em tinguin una notable consideració, sinó perquè, esclar, començar és el pas més difícil en qualsevol empresa, és allò més difícil de fer, tant si ets poeta, com si et dediques a l’extracció de petroli amb els saudins…

I bé, tenint en compte aquest plus de dificultat, he decidit que podríem començar llistant allò que considero que són els tòpics més flagrants i barats que he arribat a sentir per aquests móns de Déu. Així, avui ens limitarem a introduir alguns dels molts tòpics que hem anat captant, sense comentar-los, de manera que ens serviran per engrescar d’altres autors a desenvolupar-los a posteriori. Podríem, doncs, començar dient que els impostos directes i progressius sempre són més justos i wais que els indirectes, que el que cal és propiciar una economia d’empreses EMERGENTS D’ALT VALOR AFEGIT (algú ha pogut mai arribar a concretar exactament què carai volia dir això), que és injust i de dretes que els Ajuntaments privatitzin els serveis públics de la ciutadania, que “tradicionalment” els homes sempre han portat en ells els gens de la violència i les dones sempre han estat més partidàries de la pau i el diàleg, que el que importa realment és el DEBAT DE LES IDEES i no pas el DEBAT DE LES PERSONES, que l’AVE és una infraestructura dolentíssima i malvada perquè només la faran servir els rics i es carrega el medi ambient, que totes les escoles concertades són de dretes i de l’Opus (malgrat que hi porto els fills i no ho dic a ningú…), que el “conflicte lingüístic” és quelcom inexistent a Catalunya, que s’ha de jugar fort per l’autosuficiència econòmica i alimentària dels territoris (és a dir, quant menys comerç de mercaderies, millor), que hi ha una “manera de fer política” femenina i una “manera de fer política” masculina, que les polítiques de seguretat són sempre polítiques de dretes perquè es pot acabar amb tota la delinqüència amb polítiques socials d’alta intensitat, que la col·laboració entre l’empresa privada i les Universitats és l’enèsima aparició del diable en acció, que l’impost de successions i donacions és superprogre i imprescindible per al país, que el que cal és “fer la política DES DE BAIX” (sense acabar de concretar a quins “baixos” ens referíem…), que això de la independència de Catalunya és un invent de quatre matats impossible de complir-se i en canvi l’Espanya Federal ho tenim aquí mateix i és molt millor, que les dones parlen menys que els homes (així, “pel fet de ser dones”), que les “quotes” de gènere són la millor manera de combatre el masclisme totalitari present a qualsevol organització, que la gent de dretes són “males persones”, que el PSC és més d’esquerres que CiU (així, en general, sense concretar persones, temàtiques, etc.), que aquell que manifesti que les persones som diferents –amb capacitats i interessos diferents– i que no tothom pot fer el mateix és de dretes i un indeseable, que els diners no fan la felicitat (això no és un tòpic, directament és una broma de molt mal gust), que la renovació dels conceptes abstractes (com els d’aquesta frase que ara s’esdevé) i neologismes trets de la màniga difícils de capir però que volen dir el mateix que els anteriors és imprescindible per molar més, que tota entitat de tipus “catalanista” sempre serà una subseu de Convergència i Unió o –en cas que estiguin definitivament grillats– d’ERC, que “jo, com a dona, penso que…”, que “això està bé, perquè és d’esquerres” (i, au, em quedo tan ample, sense explicar res més)…

I, companys, la llista diria que és infinita, però potser per avui ja en tenim prou, perquè si no els meus companys em mataran… Prou feina tenen, oi, a desenvolupar tot això? I vosaltres, quins tòpics hi afegiu?



Qui som i què pretenem?
juliol 19, 2009, 8:42 pm
Filed under: Global | Etiquetes:

L’Esquerra Verda Liberal vol ser un grup obert de gent disposada a, de manera desenfadada i deixant de banda les veritats absolutes, intentar trencar tòpics que sovint planen sobre el nostre país i espai ideològic. Els articles publicats no reflecteixen l’opinió de tots els autors, sinó que són meres invitacions al col•loqui i la discussió. Sigueu benvinguts!




Follow

Get every new post delivered to your Inbox.